Amigos tochos :
Esta es una entrega de despedida a la primer época de esta serie de columnas.
Hace algunos años el empeño de un servidor adquirió un sentido diferente cuando mis dos hijos varones por fin comenzaron a practicar el FBA (favor de ver la presentación de la columna, febrero de 2005). De cierto modo no era nada necesariamente especial, pero definió el estilo de vida de mi familia a lo largo de estos últimos años como seguramente le ha sucedido a cientos o miles de familias a lo largo y ancho de esta hermosa república mexicana.
Como sea que fuere, Bucaneros de Satélite fue la Organización que nos recibió en esta suerte de “iniciación”; primero porque, como en el caso del amor, de vista quedamos prendidos de las instalaciones que la conforman pero, tiempo después, por el trato de la mayoría de la gente que integra a esa gran llamada Familia Bucanera.
Creo que de no haber sido porque Martita y Juanito (Q.E.P.D.) nos recibieron tan calurosamente y porque Thelma y Toño Guzmán (nuestros primeros Delegados) nos atendieron tan efusiva y amigablemente, hubiéramos seguido recorriendo el “ejido de oro” o el resto de las opciones en la zona y tal vez, sólo tal vez... quien ahora les escribe, no estaría dando por terminado este esfuerzo editorial, ni siquiera temporalmente, relacionado éste con el FBA.
En fin... que el gusto por este deporte llevó a un servidor a conformar ánimos, loas y demás porras (miren, salió en verso !); a ser parte de “la gente de pantalón largo”, no sólo como padre de familia sino también como Delegado o como representante oficial ante la Liga FADEMAC y, en general, a apoyar con todo el esfuerzo a mi alcance para seguir engrandeciendo el FBA y, particularmente, a la Organización que permitió que mis hijos conocieran el deporte de las tacleadas.
No costaba nada, en general, hacer como muchos padres de familia, es decir, requisitar la documentación necesaria, cubrir las cuotas, proporcionar los medios de transporte para que los muchachos pudiesen llegar a sus entrenamientos y/o juegos y, cuando el tiempo lo permitiera, estar ahí, en el campo exigiendo la entrega de equipo nuevo para mis hijos; quejándome del maltrato físico y psicológico de un atado de orangutanes que dicen que entrenan a mis hijos más por gusto que por necesidad y sin recibir un peso a cambio; inquiriendo desde la tribuna a los oficiales; denostando y menospreciando al rival, entre otras linduras; esto es, siendo un padre de familia más, uno del montón.
No, nada de eso; por el contrario, decidí conocer un poco más, informarme, darme cuenta de cuáles serían o son esas justificaciones para que el campo de entrenamiento y/o juego no estuviese siempre cual verde alfombra; el por qué el temor de los directivos de perder el campo a manos de las autoridades que nos “hacen el favor de prestárnoslo” (acuérdense de los casos de los amigos de Cherokees en el sur y de Raiders de Arboledas en el norte); los motivos que impiden que todos los jóvenes jugadores tengan equipos nuevos y en buenas condiciones; el saber que si bien ese entrenador no es una suerte de “iluminado”, hace uno de sus mejores esfuerzos por su cuenta y riesgo; etcétera, y que, en general, uno de los mayores problemas del FBA es la ausencia de buena y correcta comunicación, en este caso, entendiéndola (esa “comunicación”) en el sentido simple de su comprensión: aquella en la que el mensaje es hecho llegar por un transmisor a un receptor (a veces no por el mismo o adecuado canal) siendo que éste no lo comprende en lo más mínimo, habida la cuenta por múltiples razones.
En efecto, desde mi punto de vista, entre otras, esa parte del problema no es entender que no todos los padres de familia cubren sus cuotas a tiempo, o que de parte de las organizaciones no hay una exigencia académico-deportiva a los entrenadores y que con dinero se “compone todo”. Creo que uno de los graves inconvenientes es, en todo caso, que “no hay peor sordo que quien no quiere oír”.
Me explico. Lo de menos es que existan organizaciones bien establecidas, de rancio abolengo, de pompa y circunstancia, no sólo por razón de sus padres fundadores o por el tiempo en que han permanecido en la estela de esa gran constelación inalcanzable a la que dicen pertenecer por todos sus logros y victorias en el campo; no, no es eso.
Esas organizaciones, noveles o curtidas, no dejan de ser “instituciones”, pero por su carácter, por ser incólumes, inamovibles (a veces, hasta estoicas) pero especialmente, porque hay gente que sigue creyendo en ellas. Esas organizaciones son tan frágiles como el sentimiento de esas personas que siguen confiando en sus preceptos, llenando sus tribunas, pagando sus cuotas, entonando sus porras, portando sus colores. En otras palabras, esas organizaciones se deben a su gente.
Sin esas personas, que con evidentes muestras tangibles manifiestan su lealtad a ultranza, esas instituciones no serían más que un mero recuerdo; no pasarían de ser logotipos y marcas en abandonados y polvorientos rincones.
Ahora bien, esa gente puede o no querer informarse o no comprender o interpretar el mensaje que se les transmite, pero la organización está obligada a “morir en la raya”, a hacer el segundo, tercero y cuantos esfuerzos sean necesarios para seguir transmitiendo “el mensaje”; para evitar no sólo la confusión, sino para que su objeto social y, particularmente su misión, no se pierda en el olvido, en este caso, para que “la formación integral de niños y jóvenes a través de la práctica del futbol americano, basados en la enseñanza de valores y principios que enaltecen al ser humano dentro de un ambiente familiar” no sea una frase hueca y sin sentido.
“Siempre es mejor dar sin esperar nada a cambio...”; es una frase que he aquilatado a lo largo de los años y se que (jugándole un poquito al abogado del diablo), los motivos del lobo o del escorpión (favor de remitirse a la fábula en los megadatos), a veces impiden que esos depredadotes olviden su naturaleza; después de todo lo tienen “tatuado” en sus genes.
La pregunta siempre será, en ese sentido, a quién interesa más la subsistencia de las instituciones: a quienes viven y obtienen un provecho directo de ella por un tiempo determinado, bien para subsistir y ser “rémora” de ella, o a las personas quienes voltean su vista hacia las mismas, quienes se interesan y quienes, aceptémoslo, tienen (tenemos) memoria de corto plazo, una memoria selectiva, una memoria que ha sido educada para servirse del momento, para ser “utilitaria”, no pensada para dejar trascendencia...
Hace unas semanas divagaba con un colega si al “cortarle” la cabeza a un gigante (al caso de las “grandes instituciones”) podría éste seguir caminando (entendiendo a la “cabeza” como al Director de la misma o a sus socios principales); la respuesta después de muchos devaneos siempre fue la misma: SÍ, seguiría caminando por razón de su propio impulso.
Si bien tal vez la trayectoria de ese gigante sería errática y su andar se debería más bien a la fuerza del impulso previo (por la gravedad y la inercia), al final, sin el compás de un trabajo en equipo y de una cabeza que verdaderamente “dirigiera” esos pasos y/o esfuerzos, desde luego, la inercia dejaría su paso a la caída inevitable con todas sus consecuencias.
Entonces, las instituciones subsisten y andan por ahí por si mismas, pero sus pasos son guiados por la gente que las conforma, llámense directivos o asociados, y aunque a estos últimos poco les puede interesar si dicha institución sobrevive o no a su paso administrativo por ellas, ya que pueden cambiar de “opción”, lo cierto es que, por una simpleza llamada “confort”, esa misma gente preferiría permanecer en una institución lo suficientemente sólida, basada en principios, pero también proactiva, “pensante”, no anquilosada.
Ahora que este esfuerzo editorial llega a la conclusión de su primer época, no quería dejar de permitirme la oportunidad de dejar en ustedes las anteriores reflexiones; si bien, “cuando usted despierte el dinosaurio seguirá ahí”, dependerá de usted (amigo lector) seguir soñando dentro de su círculo de confort o trabajar para evitar que ese animalote se lo devore en su ansia de permanecer en la época jurásica, sin evolucionar. Ese tipo de instituciones son sólo monstruos depredadores, insaciables... siempre piden más; nunca se conforman con lo que se les atraganta.
Gracias a aquellas personas que se tomaron la molestia de leer estas columnas y de acudir de vez en cuando al “ciberespacio” para checar la página de “Somos Bucas”.
Uuuuuno !!! Doos !!! Tres !!! B U C A N E R OS !!!
Dedicado con afectuoso respeto a todos aquellos jugadores, entrenadores, oficiales, administradores, padres y familiares en general que luchan con el corazón, que pelean el triunfo hasta el final, con el ánimo arriba y con la fuerza de todos, en el terreno de juego pero, en general, en el partido de la vida.
Mario Francisco Herrera Gamboa
Año 1, #6, Enero de 2006.
¿ dudas, mentadas de madre, colaboraciones ?
smsbcs-colabora@yahoo.com.mx
http://www.eteamz.com/somos_bucas
_________________________________________
Megadatos:
* http://www.eteamz.com/somos_bucas
* http://www.bucanerosdesatelite.com/
* http://www.comentariosdelibros.com/come2004-2/book0183-2004.htm
* http://danielfuentes.iespana.es/textos/fabulas/rana_y_escorpion.htm
* http://es.wikipedia.org/wiki/Gravedad
* http://es.wikipedia.org/wiki/Inercia
*http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/lengua_comunicacion/palabraescritor/iprincipal/esam_en.htm

